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domingo, 11 de noviembre de 2007

Despertar en Kheops

Te despiertas. Te despiertas y piensas, y no necesitas pensar mucho porque esa idea está ahí desde hace tiempo, flotando entre dos aguas, como una medusa, como una red de pequeños hilos de fuel. Lleva tanto tiempo contigo que te cuesta concretarla con palabras, pero está ahí, y te asalta en cualquier momento. “Tu vida es una mierda”.

Vives en una realidad personal, y no por ser la que has elegido es la que quieres. Trabajas, impulsado por la rutina y el sentido del deber, por la seguridad de tu futuro, por papá y mamá. Por lo que sea. Pero no trabajas porque quieres. En el momento en que conviertes aquello que te gusta y deseas en una obligación, un compromiso, pierde su encanto. Da igual que quieras hacerlo, no lo haces para ti. Construyes un presente y un futuro que te han vendido como correctos, peor aún, que tú mismo te has hecho ver como buenos, adecuados; en cierto modo, eres un esclavo egipcio: te gustaría estar comiendo uvas a la sombra de un oasis, o en la orilla del Nilo viendo a los cocodrilos devorar estúpidos rumiantes, pero ahí estás, con tu taparrabos, construyendo Kheops.

Te despiertas. Te despiertas al lado de alguien que quieres, y eso debiera bastar, porque no concibes un despertar mejor. Pero te despiertas, y piensas, y miras abajo, dónde miles de esclavos egipcios arrastran piedras, y se mutilan y los látigos les despellejan y mueren jóvenes y sin conocer hembra placentera. Y te gustaría ir a gritarles a todos que soltaran las piedras, y pacíficamente se dedicaran a tocarse los huevos y vivir lo que les queda de vida… Pero no puedes. Por que ya estás en medio de la pirámide, ya has llegado demasiado alto y demasiado lejos construyendo Kheops.

martes, 6 de noviembre de 2007

Querido ex-presidente

Parece ser que José María Aznar I de España, el Bufón, ha extenuado a sus negros en la creación de una nueva aberración de la imprenta (incluirla en la literatura me parece demasiado). El libro en cuestión se llama "Cartas a un joven español", lo edita Planeta (después de haber premiado a Lucía Etxeberría o nombrar finalista a Boris, tampoco se les puede pedir mucho) y vale 20'90 pavos.

Yo, aunque no lo he leído, creo que más o menos puedo intuír cual va a ser su rollo, así que en respuesta a las cartas de Aznar a un joven español, quiero enviar desde aquí una carta de un joven (muy joven) español dirigida a Aznar:



Anímense, amigos y amigas, a enviar las suyas propias.

P.S. Ésta es la segunda vez que muestro carnes propias en Internet, sin contar el flog. ¡Aún sin Copyright!

lunes, 24 de septiembre de 2007

Vocación y ocupación

Hablemos del milagro de la medicina. No de la medicina superflipante con biopsias y cámaras gástricas y la rehostia que vemos en House; ni de la medicina sentimentaloide y llena de melodramas que vimos en Anatomía de Grey. Hablemos de la medicina baratilla, de las pastillicas, de las cosas que te venden en la farmacia del pueblo.

Voy al médico con dolor orejal; me disuade de mis temores, no es nada, tranquilo, mínima inflamación, se te va solo, no te preocupes; vale, gracias, doctor, perdone la molestia. Regreso a los cuatro días: Verá, doctor, tengo el oído tapado, y me duele mil; te duele mucho; sí, mucho, anoche tomé el primer paracetamol de mi vida; vaya, veamos ese oído. Diagnóstico: otitis externa, es decir, inflamación del conducto auditivo, produciendo dolor intenso y taponando el sonido, cosa que desquicia a un proyecto de músico en casi todas sus actividades. Vale, bien, mi médico de familia tiene poca visión de futuro, por no decir poca visión a secas. ¿Y el milagro de la medicina, diréis? Si es que leeis esto.
El milagro de la medicina es que han pasado unos días, y a base de tomarme unas pocas pastillas, y echarme unas pocas gotas en el orejámen, ni me duele, ni está tapado, ni ná. Se supone que aun quedan bacterias rebozándose en la cera, pero los antibióticos acabarán por expulsarlas, digo yo. Ese es el milagro de la medicina. Unas pastillas, unas gotas, y a correr.



Eso, junto a la sentencia de my dear Oscar Wilde "todo forma de arte es completamente inútil" hace que me pregunte: ¿Qué mierda hago estudiando piano y letras puras? ¿No sería mejor que me dedicara a mejorar las pastillitas?
Contesta mi conciencia bohemia: Si todos los músicos hicieran pastillitas, ¿quién compondría música para que escuchásemos?
Y la conciencia científica, que lleva gafas y es más bien sosa, zanja la cuestión: Si nadie hiciera las pastillitas para la otitis, ¿quién iba a escuchar la música?

La afoto de la mano es la primera carne desnuda que muestro en Internet. Sin copyright!

ACTUALIZANDO: Un freak cuyo nombre no deseo pronunciar ha coglado en Youtube una cruenta lucha en la que me he visto envuelto contra mi voluntad. Solo frikis, y frikis aburridos deben atreverse a visionar esta... "cosa."

sábado, 15 de septiembre de 2007

Cuidadín cuidadín

Pensar es bueno, y para algunas personas hasta natural. Así que a l@s escasas@s y caritativ@s lector@s de este blog os invito a pensar, en cualquier lugar, en cualquier momento, sobre cualquier cosa; aunque si pensais en tetas y/o culos iréis al infierno.
Si quereis, podeis pensar de noche. Suponiendo que lo hagais, podeis pensar al borde de una hoguera, o bajo el claro de luna. Podeis pensar en una sala de espera iluminada por fríos fluorescentes, en un ascensor que funciona, en un estadio de fútbol lleno de gente. Podeis pensar a la luz de una vela. O de muchas velas.

Pero nunca, jamás, debeis pensar a solas y en la oscuridad.

sábado, 11 de agosto de 2007

Los peces payaso. ¡Hu ha!

Los peces payaso, que son muy monos con sus franjas de color naranja y blanco, se pasean casi siempre entre los tentáculos de las anémonas, en aguas cálidas y poco profundas. Cualquier bicho marino de su tamaño o incluso algo mayor saldría escaldado, como poco, al mantener contacto con las anémonas durante un par de segundos. Los bichos no marinos, como las gaviotas o los humanos menores de edad, también salimos escaldados de dicho contacto. Que lo sé yo.

El pez payaso, sin embargo, es inmune a los picotazos de éste cniadrio marino y sésil (así lo define Wikipedia, y su palabra es Ley), ya que lo cubre una mucosa mu rica que lo protege de las células urticantes o nematocistos (según Wikipedia, también) de la anémona, qué es lo que hace que cuando la toques pique.
El pez payaso está bastante sólo entre los tentáculos de la anémona, y nadie tiene ganas de acercársele, porque el pez payaso, aunque de lejos es mono, de cerca tiene una cara de plátano que no se la quitan ni en Cambio Radical. Y además está en medio de su anémona cabrona y misteriosa. Así que está bastante sólo. Sólo de vez en cuando, el pez payaso deja de mirar con desprecio a la sardinas (ésas imbéciles que caen a millones en las redes) y entabla conversación con otro pez payaso, del siguiente modo.

-Hola, pez.
-Hola tío.
-¿Qué tal, como vas?
-Aquí, flotando. ¿Y tú?
-Bien, bien.
-Pues nada... Qué limpia está el agua, ¿no?
-Ssssí...
-...
-Hola, tío.
-Hola pez.
-¿Cómo lo llevas?

Hasta que el pez payaso se cansa. Por que sólo tiene 3 segundos de memoria. Y aunque querría decir tantas, tantas cosas, y se siente tan, tan sólo, nunca se acuerda de lo que quiere decir, ni de cómo se siente. O, al menos, así es como yo imagino a los peces payaso. Y me pregunto, mirando el mar, e imaginando anémonas del tamaño de ciudades, con tentáculos del tamaño de personas; me pregunto:

¿Dónde éstán mis franjas naranjas y blancas? ¿Por qué tengo tan pocas mucosas? ¿Dónde está mi amigo, el otro pez payaso?

jueves, 26 de julio de 2007

El menos molesto de los ruidos (Napoleón dixit)

Aunque sea, según el señor Bonaparte, el menos molesto de los ruidos (y ésto es mucho decir para Napoleón), la música no es una profesión agradecida. No es una obsesión sana, ni un vicio recomendable. Puedes ser un genio y morirte de hambre. Puedes ser un anónimo mediocre que se muerde las uñas, ensangrentadas de tanto tocar, viendo medrar a las pequeñas mascotas de las grandes discográficas. Puedes ser un completo inútil, tener las manos de madera, y torturarte porque no estás a la altura, no eres digno de amar a la música; a menudo ella ignora incluso a los ángeles de ígneos dedos, a los virtuosos más entregados.


Ninguno de tus esfuerzos tiene la garantía de una recompensa. Ninguna de tus ambiciones tiene la garantía de un éxito. El dinero no puede comprar un ápice del genio y el duende que necesitas, ni tu genio y duende pueden conseguir un áìce de dinero si no hay alguien que compre tu sangre y tu sudor. Hay mil reglas que dominar, infinitos retos que afrontar. Y jamás podrás dominar aquello que tratas de dominar: nunca serás más que un caballero andante, hambriento y harapiento, cabalgando sobre una hidra desbocada, hipnotizado por sus gritos.
Y a pesar de todo...
A pesar de todo, cada día que pasa tengo más ganas de subir a su grupa. Estoy perdiendo las ganas de hablar; renunciaría sin dudarlo a mi voz si tuviera la plena capacidad de expresar lo que quiero con el piano. Casi nada de lo que decimos tiene sentido. Me he dado cuenta de que la gente habla sin decir nada, y la música, la Música con mayúscula, lo dice todo sin hablar. El acero y las tripas trenzadas de un cordero, la madera y el oro, todas las materias muertas reviven en manos de los músicos y cantan, cantan, cantan...
Cada día y cada noche que pasan siento crecer en mí el turbio deseo de dormir bajo el negro refulgente de un firmamento sin nubes, arropado por la música, por las páginas que escribimos los humanos, queriendo gritar con la voz de los dioses...