sábado, 6 de octubre de 2007

9 d'Octubre

(Abajo, después del Youtube, traducción al castellano)

No sé de segur, si hagués de descriure’m amb una sola paraula, quina triaria, peró puc jurar que no seria “patriòtic”. No va d’una vegada ni de dues que em miren mal a l’esglèsia, als concerts, a les conferències: no comulgue a les bodes, no em pose d’empeus quan les bandes toquen l’himne de la Comunitat (ni el del poble tampoc). Sovint els forasters han desaprovat la meva defensa de la llengua valenciana; més sovint encara, els valencians m’han despreciat per no fanatitzar la meua defensa. Potser, al terreny polèmic de la identitat dels pobles, de les llengües, em trobe a alló que acostumem a anomenar terra de ningú. I reconec que no m’importa gens. Se me’n fot qui tracte de convéncer-me de qué, se me’n fot de quin costat estiren la corda. No obstant, es tracta del proper 9 d’Octubre, dia de la Generalitat, i per tant és dels meus compatriotes de qui vull parlar.

Se m’escapa el riure, ho admet, quan encara sent parlar d’Almansa, quan veig cartells pegats per les façanes fent referència als decrets de Nova Planta de Felip de Borbó. Se m’escapa el riure, i no vull amb aixó molestar a ningú, quan sent parlar de nacionalisme, de defensa de la llibertat. ¿Acás la llibertat és més amplia quan més estret és l’espai que habitem? ¿Es que per ser menys, serem millors?

“El teu païs són els teus amics”, diu Martín pare al genial film Martín (Hache). Potser jo soc en certa manera independentista, pero si clame per la llibertat és per la meua própia, per una llibertat espiritual, profunda, significativa. Jo no esdevindria millor persona, ni un ciutadà més feliç, si cambiaren innecessàriament les lleis del lloc on em toca viure, o si aquesta llengua fos la única oficial. I es que jo no em sent espanyol, com diuen molts nacionalistes convençuts, peró, collons de Deu, tampoc em sent valencià. Ni alacantí, ni pinoser, ni campeller. Ni segovià, ni cuellarenc, ni asturià, ni murcià… I no sé seguir remontant-me als meus orígens familiars. Ni ho necessite. La meua identitat no l’he de buscar a la terra que habite, sino en mi mateix, en l’alé del meu cor sempre exrtranger, sempre deportat.

En quant a la llengua… ¿qué podria dir? D’igual manera que els vascos o els gallecs, per naturalesa parle una llengua més que la majoria d’espanyols. Done gràcies per aquest regal. Em sent ple de joia per poder llegir en versió original a senyors com Ferran Torrent, Quim Monzó, Pere Calders, Josep Pla, Santiago Russinyol, Vicent-Andrés Estellés… ¿Com de llarg voleu l’etcétera? I no comprenc la gent que porta generacions vivint ací i encara no ha tractat d’accedir a aquest privilegi, no entenc que no matriculen als seus fills a la línea PEV, no entenc que no vagen a l’escola nocturna per tal d’aprendre encara que siga només a comprendre la llengua. Ara bé, igual puc fotre’m d’ells que dels cretins que es fan traduïr el Quijote al català, l’amonen Quixot i es queden tan panxos; o el diputat català que s’empenya en parlar-ne a les corts de Madrid.

Així doncs, jo he trobat un camí cap a la independència, que potser resulta una mica més pacífic, i menys invasiu, per als meus veïns. Me cague en totes les banderes, i me pixe en totes les fronteres, i m’importa una merda en quin idioma he de dir-li a un imbécil que se’n vaja a prendre pel cul. Tracte de no sentir mai himnes nacionals, comarcals, o locals: el músic que composa un himne de manera conscient és una puta, o pitjor, es un xulo que explota i extorsiona la seva música.

A mí no m’importa, doncs, si els catalans han adoptat o no el Cant dels Ocells com a himne “nacional”, ni m’importa si són nació o estan en procés de ser-ho. M’importa, aixó sí, saber que ningú pot negar-me el dret d’adoptar el Cant dels Ocells com a himne de la meua ánima, perque aquest és, amics i amigues, un llenguatge que tots podem comprendre.

Abaix, Youtube de la versió de Pau Casals al violoncel, amb acompanyament de piano.



(En castellano)

No estoy seguro, si debiera describirme con una sola palabra, de cual escogería, pero puedo jurar que no sería “patriótico”. No va de una vez ni de dos que me miren mal en la iglesia, en los conciertos, en las conferencias: no comulgo en las bodas, no me pongo en pie cuando las bandas tocan el himno de la Comunidad (ni del pueblo tampoco). A menudo los forasteros han desaprobado mi defensa de la lengua valenciana; más a menudo aún, los valencianos me han despreciado por no fanatizar mi defensa. Puede que, en el polémico terreno de la identidad de los pueblos, de las lenguas, me encuentre en eso que acostumbramos a llamar tierra de nadie. Y reconozco que no me importa nada. Me la suda quién trate de convencerme de qué, me la suda de qué lado estiran la cuerda. No obstante, se trata del cercano 9 de Octubre, día de la Comunidad, y por lo tanto es de mis compatriotas de quienes quiero hablaros.

Admito que se me escapa la risa cuando aún oigo hablar de Almansa, cuando veo carteles pegados por las fachadas haciendo alusión a los Decretos de Nova Planta de Felpie de Borbón. Se me escapa la risa, y con esto no quiero molestar a nadie, cuando oigo hablar de nacionalismo, de defensa de la libertad. ¿Acaso la libertad es más amplia cuanto más estrecho es el espacio que habitas? ¿Es que por ser menos, seremos mejores?
“Tu país son tus amigos,”, dice Martín padre en el genial film Martín (Hache). Quizá yo soy, en cierto modo, independentista, pero si clamo por la libertad es por la mía propia, por una libertad espiritual, profunda, significativa. Yo no sería mejor persona, ni un ciudadano más feliz, si cambiaran innecesariamente las leyes del lugar donde me toca vivir, ni si el valenciano fuese la única alengua oficial. Y es que yo nono me siento español, como dicen muchos nacionalistas convencidos, pero, me cago en Dios, es que tampoco me siento valenciano. Ni alicantino, ni pinosero, ni campellero. Ni segoviano, ni cuellarano, ni asturiano, ni murciano… Y no sé seguir remontándome a mis orígenes familiares. Ni lo necesito. Mi identidad no tengo que buscarla en la tierra que habito, sino en mí mismo, en el aliento de mi corazón siempre extranjero, siempre deportado.

En cuanto a la lengua… ¿Qué podría decir? Del mismo modo que los vascos o los gallegos, por naturaleza hablo una lengua más que la mayoría de los españoles. Doy gracias por este regalo. Estoy lleno de alegría por poder leer en versión original a señores como Ferran Torrent, Quim Monzó, Pere Calders, Josep Pla, Santiago Russinyol, Vicent-Andrés Estellés… ¿Cómo de largo queréis el etcétera? Y no comprendo a la gente que lleva generaciones enteras viviendo aquí y aún no ha tratado de acceder a este privilegio, no entiendo por que no matriculan a sus hijos en la línea PEV, no entiendo que no vayan a la escuela nocturna para aprender siquiera a comprender la lengua. Ahora bien, igualmente puedo reírme de ellos que de los cretinos que traducen el Quijote al catalán, lo llaman Quixot y se quedan tan panchos; o del diputado catalán que se empeña en hablarlo en las cortes de Madrid.

Así que yo he encontrado un camino hacia la independencia que quizá resulta más pacífico y menos invasivo para mis vecinos. Me cago en todas las banderas y me meo en todas las fronteras. Y me importa una mierda en que idioma tengo que decirle a un imbécil que se vaya a tomar por culo. Trato de no escuchar nunca himnos nacionales, comarcales, o locales: el músico que escribe conscientemente un himno es una puta, o peor, es un chulo que explota y extorsiona a su música.

A mí no me importa, pues, si los catalanes han adoptado o no el Cant dels Ocells como himno “nacional”, ni me importa si son nación o están en proceso de serlo. Me importa, eso sí, saber que nadie puede negarme el derecho de adoptar el Cant dels Ocells como himno de mi alma, porque este es, amigos y amigos, un lenguaje que todos podemos entender.

Arriba, Youtube con la versión de Pau Casals al cello, con acompañamiento de piano.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Gente que mola

Prácticamente nunca veo las noticias de la tele, y menos un sábado, pero se dio la casualidad de que estaba pacíficamente recogido en el lecho familiar pinosero, y no había plan hasta más tarde. Asín que las vi. Allí no tengo Internet, y aunque mi primo sí, está feo que vaya a molestarle sólo para publicar memeces en este blog. Así que vista la noticia en TV, recé (a Yog-Sothoth) para que Ruth no se hiciera eco en su blog de tele y ser original hablando del asunto. ¿Y cual es el ausnto?

El asunto es un tío que padece una parálisis cerebral, o algo similar, que le limita muchismo los movimientos y lo mantiene confiando en una silla de ruedas motorizada. Hasta aquí bien, es decir, hasta aquí mal, pero normal. Lo bueno viene cuando te enteras de que el tío, de nombre Toño, a sus taytantos años es guionista de El Hormiguero, programa que presenta Pablo Motos en Cuatro. Y ves al tío salir a plató, con una calavera en el pomo de la palanca de dirección de su motosilla, y con la cabecita torcida y la voz de galleguiño estrangulada, ponerse a hacer un monólogo en el que mete chistes como, "no sé de qué se quejan... Ni que fuera el único paralítico cerebral que sale en la tele" o "Yo era el doble de acción de Mar Adentro... Yo me bebía el zumo". Y luego ves al tío en su apartamento, poniéndose vinilos, to jebi y to simpático, sin perder el buen humor. Y lo ves, en resumen, vivir, o al menos ves una parte de su vida, y te preguntas: ¿qué hostias hago quejándome de la consistencia de mi cabello? ¿Qué coño hago mirándome al espejo y pensando "oh, Dios, qué gordo tengo el culo, qué desgracia"? ¿Qué mierdas hago quejándome siquiera, de cualquier cosa, de lo que sea, cuando este tío goza de ese humor y esa lucidez, aunque sea unas pocas horas al día?

Me olvidaré de lo afortunado que soy (somos). Volveré a quejarme de un grano, a cuestionarme mi vestimenta, a temer un gatillazo. Pero mientras lleve a cabo ésto, mentalmente, espero darme cuenta de lo imbécil y lo inconsciente que puedo llegar a ser.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Vocación y ocupación

Hablemos del milagro de la medicina. No de la medicina superflipante con biopsias y cámaras gástricas y la rehostia que vemos en House; ni de la medicina sentimentaloide y llena de melodramas que vimos en Anatomía de Grey. Hablemos de la medicina baratilla, de las pastillicas, de las cosas que te venden en la farmacia del pueblo.

Voy al médico con dolor orejal; me disuade de mis temores, no es nada, tranquilo, mínima inflamación, se te va solo, no te preocupes; vale, gracias, doctor, perdone la molestia. Regreso a los cuatro días: Verá, doctor, tengo el oído tapado, y me duele mil; te duele mucho; sí, mucho, anoche tomé el primer paracetamol de mi vida; vaya, veamos ese oído. Diagnóstico: otitis externa, es decir, inflamación del conducto auditivo, produciendo dolor intenso y taponando el sonido, cosa que desquicia a un proyecto de músico en casi todas sus actividades. Vale, bien, mi médico de familia tiene poca visión de futuro, por no decir poca visión a secas. ¿Y el milagro de la medicina, diréis? Si es que leeis esto.
El milagro de la medicina es que han pasado unos días, y a base de tomarme unas pocas pastillas, y echarme unas pocas gotas en el orejámen, ni me duele, ni está tapado, ni ná. Se supone que aun quedan bacterias rebozándose en la cera, pero los antibióticos acabarán por expulsarlas, digo yo. Ese es el milagro de la medicina. Unas pastillas, unas gotas, y a correr.



Eso, junto a la sentencia de my dear Oscar Wilde "todo forma de arte es completamente inútil" hace que me pregunte: ¿Qué mierda hago estudiando piano y letras puras? ¿No sería mejor que me dedicara a mejorar las pastillitas?
Contesta mi conciencia bohemia: Si todos los músicos hicieran pastillitas, ¿quién compondría música para que escuchásemos?
Y la conciencia científica, que lleva gafas y es más bien sosa, zanja la cuestión: Si nadie hiciera las pastillitas para la otitis, ¿quién iba a escuchar la música?

La afoto de la mano es la primera carne desnuda que muestro en Internet. Sin copyright!

ACTUALIZANDO: Un freak cuyo nombre no deseo pronunciar ha coglado en Youtube una cruenta lucha en la que me he visto envuelto contra mi voluntad. Solo frikis, y frikis aburridos deben atreverse a visionar esta... "cosa."

jueves, 20 de septiembre de 2007

El ermitaño


En el interior de aquella choza (es decir, la ermita que yo venía buscando), al lado de la cual se alzaba un patético intento de campanario, brillaba, dubitativa, la luz de un fuego en el hogar. El aire de la montaña era frío y limpio, y traía un tenue aroma de carne churruscada; me tambaleé hasta la puerta y golpeé con el codo (las manos me dolían demasiado). Me contestó una voz chirriante y miserable.

-¡Lárgate, cabrón! ¡Te dije que vinieras por la mañana!
-Señor ermitaño…
-Joder, ¿quién eres tú?
-¿Podría abrirme, por favor?

Escuché pasos acercarse.

-¿Porqué?
-Pues… por favor. Tengo frío, y hace dos días que no como. He venido a verle.
-Coño, mira qué bien –abrió la mitad superior de la puerta, que era como las de los establos, y me echó un vistazo mientras yo se lo echaba a él. Era un ermitaño de cuento, con su pelambrera gris y su túnica andrajosa de piel de cabra. Conservaba pocos dientes y los conservaba en mal estado. Le hedía el aliento.
-Por favor, ábrame –dije con un hilo de voz -. Estoy desnudo, y el frío de…
-Ya lo veo. Tienes una buena polla.
-¿Qué?
-Como que qué, joder. Que entres –Me abrió la puerta completa y pasé. El inmundo caos interior no merece ser descrito.
-Bueno, mierda, chaval, ¿qué quieres de mí, a parte de que te invite a cenar?

Bebió un trago a morro de una bota de vino y me la pasó, mientras echaba en un plato dos o tres chuletas renegridas.


-Usted es el hombre más sabio del mundo.
-Mierda, ya lo sé.
-Quiero que me enseñe.
-Mira qué listo. Yo no enseño.
-Pero…
-Come y calla.

Obedecí. Entre su mugriento flequillo, los ojos le brillaban como dos diamantes en el fondo de una mina.

-¿Me enseñará?
-Que yo no enseño nada, hostias. Tú quieres mi sabiduría, pero yo no quiero nada de ti. No puedes aportarme nada.
-Podemos aprender de todo y de todos.
-Coño, ¿te vas a poner a filosofar con el hombre más sabio del mundo? Humildad es lo que te falta; humildad y sumisión. Si quieres que sea tu maestro…
-Sí, le obedeceré, lo siento, he sido un arrogante. Pero mire, yo…
-¿Porqué no te tocas la polla un rato?
-¿Qué?
-Vamos, pélatela. Mastúrbate, hazte una buena paja –dijo sobándose el paquete.
-¿Qué?
-¡Que te la casques!

El hombre más sabio del mundo me estaba invitando a un onanismo conjunto, tras semanas de
escalada miserable por barrancos y laderas de los Alpes.

-Yo no pienso…
-Mira, nene, o te empiezas a sacudir la sardina ahora mismo o te doy una patada en el culo y te envío rodando ladera abajo. Ya tendremos tiempo de estudiar luego.
-Usted está muy loco.
-No, coño, estoy muy solo. Eso es lo que pasa. Estoy solo y harto de follarme pastores y ovejas. Todos huelen igual. Venga, muévetela.
-…
-Oh, ya veo, nene, quizá estás cansado por el viaje, jijiji. Quizá necesitas algo de ayuda. De acuerdo, voy a darte una ayudita. Mírame a los ojos, cochino, putita, maricona.

Y el hombre más sabio del mundo se arrodilló entre mis piernas, relamiéndose los labios y riendo por lo bajo.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Cuidadín cuidadín

Pensar es bueno, y para algunas personas hasta natural. Así que a l@s escasas@s y caritativ@s lector@s de este blog os invito a pensar, en cualquier lugar, en cualquier momento, sobre cualquier cosa; aunque si pensais en tetas y/o culos iréis al infierno.
Si quereis, podeis pensar de noche. Suponiendo que lo hagais, podeis pensar al borde de una hoguera, o bajo el claro de luna. Podeis pensar en una sala de espera iluminada por fríos fluorescentes, en un ascensor que funciona, en un estadio de fútbol lleno de gente. Podeis pensar a la luz de una vela. O de muchas velas.

Pero nunca, jamás, debeis pensar a solas y en la oscuridad.

martes, 11 de septiembre de 2007

Ser español (¡Coño!)

Yo jamás he salido de mi Tierra, pero he viajado lustros y lustros por el Tiempo. Han defecado sobre mí miles de millones de hombres y mujeres, pero siempre he tenido claro cual es el estiercol que quiero tragarme, cual es la mierda con la que quiero ser abonado. Cuando estuve en las altas cimas escupí a quienes se amontonaban a mis pies; miré con orgullo y desprecio a los que me salpicaban de barro cuando estuve tirado a un lado del camino. Siempre miré al frente, y, no obstante, jamás he mirado adelante. No escuché, ni dije nada digno de ser oído. Con dos cojones.


Me quejé de la suciedad que me cubría, y grité y pataleé cuando quisieron lavarme. Vivan las cadenas. El sudor rancio es el rocío de mis campos, la caspa mi nieve, las lágrimas de mis hijos mi lluvia; el Sol es mi techo, y Dios, mi confidente. Yo grito y grito, exijo, despilfarro, acaparo, ambiciono, y nunca regalo, ni escucho súplicas, ni bajo la mirada. Nunca me retracto, ni sé disculparme.
Yo soy el vino y la fiesta, soy el sexo oscuro y el oscuro hábito de las monjas. Visto de prieto y ceñido oro, para cubrirme del polvo y la mugre del mundo. Rojo es mi capote, y rojo burdeos la noble sangre que derramo, ufano, viril, valeroso. Chapoteo en ella, la veo mezclarse con la arena en una pasta marrón y grumosa, y quisiera sentir esa pasta, la harina del dolor, deslizarse entre mis dedos. Yo corto orejas y rabos, yo mutilo mi propia historia, nunca perdono y siempre olvido. Yo no sé leer.


Yo soy España. El Tiempo por el que viajo me ha tratado mal, y algunos de mis hijos me traicionan. Quizá está apagándose mi fuego, sofocado por negros, jipis, maricas, rojos, feministas, escritores y demás escoria. Quizá, poco a poco, estoy desapareciendo, pero aún vivo en lugares como Tordesillas, la Maestranza o el Valle de los Caídos.
Yo soy España. Odiadme, pues aún tendré la entereza de reconocer que no merezco otra cosa.


sábado, 8 de septiembre de 2007

KA MATE

Según termina el verano empieza el Mundial de Rugby (no hay que confundir el rugby con el fútbol americano: al rugby se juega a cuerpo descubierto, sin casco, ni coquilla, ni hostias; hay que ser un tío duro). Y como es habitual, los All Blacks (Nueva Zelanda) nos obsequiarán antes de cada partido con su tradicional Haka, danza tradicional del pueblo mahorí. No sé a vosotros, pero a mí me acojona.



Adjunto letra y presunta traducción de lo que gritan estas malas bestias antes de sus partidos:


Ringa pakia!
Golpea las manos contra los muslos!

Uma tiraha!
Infla el pecho!

Turi whatia!
Dobla las rodillas!

Hope whai ake!
Sigue con la cadera!

Waewae takahia kia kino!
Golpea tus pies contra el suelo lo más fuerte que puedas!





Ka mate, ka mate
Puedo Morir, Puedo Morir

Ka ora, ka ora
Puedo Vivir, Puedo Vivir

Ka mate, ka mate
Puedo Morir, Puedo Morir

Ka ora, ka ora
Puedo Vivir, Puedo Vivir

Tēnei te tangata pūhuruhuru
Este es el hombre peludo*

Nāna nei i tiki mai whakawhiti te rā
Que trajo el sol y lo hizo brillar de nuevo

Ā upane, ka upane
¡Un paso hacia arriba! ¡Otro paso hacia arriba!

Ā upane, ka upane
¡Un paso hacia arriba! ¡Otro paso hacia arriba!

Whiti te rā, hī!
¡El Sol Brilla!