
Ninguno de tus esfuerzos tiene la garantía de una recompensa. Ninguna de tus ambiciones tiene la garantía de un éxito. El dinero no puede comprar un ápice del genio y el duende que necesitas, ni tu genio y duende pueden conseguir un áìce de dinero si no hay alguien que compre tu sangre y tu sudor. Hay mil reglas que dominar, infinitos retos que afrontar. Y jamás podrás dominar aquello que tratas de dominar: nunca serás más que un caballero andante, hambriento y harapiento, cabalgando sobre una hidra desbocada, hipnotizado por sus gritos.
Y a pesar de todo...
A pesar de todo, cada día que pasa tengo más ganas de subir a su grupa. Estoy perdiendo las ganas de hablar; renunciaría sin dudarlo a mi voz si tuviera la plena capacidad de expresar lo que quiero con el piano. Casi nada de lo que decimos tiene sentido. Me he dado cuenta de que la gente habla sin decir nada, y la música, la Música con mayúscula, lo dice todo sin hablar. El acero y las tripas trenzadas de un cordero, la madera y el oro, todas las materias muertas reviven en manos de los músicos y cantan, cantan, cantan...
Cada día y cada noche que pasan siento crecer en mí el turbio deseo de dormir bajo el negro refulgente de un firmamento sin nubes, arropado por la música, por las páginas que escribimos los humanos, queriendo gritar con la voz de los dioses...
